El misterio de la calle 13 - O mistério da Rua 13

in Hivewriters11 days ago


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Me encontraba revisando unos documentos tarde en la noche. Realmente no tenía necesidad de hacer eso, pero la adicción al trabajo es algo que no puedo controlar, o al menos eso es lo que dice el psiquiatra de la oficina.

Para todos los demás es natural terminar el día de trabajo bebiendo cerveza en el bar de la calle 33, pero para mí es imposible descansar hasta cerrar un caso.

¡Adicción al trabajo!... psiquiatra chapucero.

Recuerdo haber creído que era una broma del capitán cuando me asignó la investigación de la queja de una anciana porque su gato había desaparecido. Su rostro serio y esa expresión en su frente, el ceño fruncido en diagonal, me decían que no había ni un atisbo de broma en sus palabras.

—¿Es en serio, capitán? ¿Un gato desaparecido?
—Totalmente, la anciana vive en el 234 del edificio Palmeras.
—¿Edificio Palmeras? ¿Por qué me suena conocido? —pregunté.
—Porque queda ubicado en la calle 13 —dijo torciendo los labios y alejándose de la puerta.

Me quité los anteojos y me tumbé en mi sillón. Los demás compañeros seguían en sus propios asuntos, pero me miraban de reojo para ver mi reacción.

Estaba investigando el caso Reiling cuando las primeras denuncias comenzaron a llegar a la delegación. Al principio todos se reían de los informes poco usuales que escribían los sargentos: extraños símbolos dibujados con pintura en las vidrieras de comercios, lámparas públicas que parpadeaban cuando nadie estaba cerca, sonidos estridentes que nadie sabía de donde provenían.

Cuando comenzaron a desaparecer personas, fue la primera vez que nos tomamos en serio lo que ocurría. Todos los hechos extraños tenían un denominador común: todo acontecía en la calle 13 del distrito sudeste.

Cuando la prensa se enteró de los eventos, hicieron toda una fiesta mediática con las denuncias. Hasta le dieron un apodo al caso “La calle misteriosa”. Pudo haber sido una tormenta pasajera si el alcalde no hubiera exigido una solución ante el clamor de la ciudadanía. Es curioso lo eficiente que se vuelven los políticos cuando se acercan elecciones.

Ahora teníamos a detectives de diversas áreas investigando cada caso que se presentara en esa calle sin importar su relevancia o peculiaridad.

Cuando hablé con la anciana, me sorprendió ver que tenía unos veinte gatos dentro de su apartamento, aunque debo decir que todos ellos lucían muy bien cuidados.

—Disculpe la pregunta, pero ¿su gato ya volvió a casa?
—Oh no, el gato perdido es mi pequeño Richie —respondió mostrándome una foto.

Richie era un gato color naranja muy gordo, tenía un collar de cuero adornado con brillantes. La anciana comenzó a hablarme de su mascota, que era muy cariñoso, que gustaba de comer salmón fresco… “¿quién demonios le da salmón fresco a un gato?” —pensé.

Al ver la foto, llamó mi atención una persona que aparecía en el fondo, usando una camiseta con un logotipo.

—¿Quién es este sujeto? —pregunté.
—Oh, es un vecino, Marchal, fue él quien me regaló a Richie, siempre venía a visitarlo, pero desde hace unos meses no ha vuelto por aquí —respondió la anciana.
—¿Un vecino de este mismo edificio?
—No, él vive a dos manzanas, calle abajo.
—¿En esta misma calle?
—Sí.

Por alguna razón su rostro se quedó grabado en mi mente, especialmente el logotipo de su camiseta. Decidí quedarme después del trabajo para echar un ojo en los archivos de casos de comercios y compañías.

Finalmente, encontré el logotipo, pertenecía a una agencia de viajes con base en Brasil. Algunas de las desapariciones de la calle 13 estaban relacionadas con personas que compraron paquetes turísticos a algún lugar al sur de Brasil, un sitio llamado Sao Leopoldo… no me imagino por qué alguien querría viajar allá.

Entre la lista del personal de la agencia de viajes, figuraba el nombre de Marchal Evans, era un consultor de soluciones de entretenimiento foráneo, supongo que era un nombre elegante para evitar decir “vendedor”. Marchal Evans tenía una nota al lado de su nombre en la lista, era el código de un caso.

Busqué el archivo siguiendo el código y encontré la razón por la que hacía meses no visitaba a Richie: Marchal había desaparecido. La última vez que lo vieron fue tomando un café en una panadería… de la calle 13.


Versão em português


Eu estava revisando alguns documentos tarde da noite. Eu não precisava realmente fazer isso, mas o workaholismo é algo que eu não posso controlar, ou pelo menos é o que diz o psiquiatra do escritório.

Para todos os outros é natural terminar o dia de trabalho bebendo cerveja no bar da Rua 33, mas para mim é impossível descansar até que eu feche um caso.

Workaholism!...psiquiatra desastrada.

Lembro-me de pensar que era a piada do capitão quando ele me designou para investigar a queixa de uma senhora idosa de que seu gato estava desaparecido. Seu rosto sério e aquela expressão em sua testa, a diagonal franzida, me disseram que não havia nenhuma pista de brincadeira em suas palavras.

-É sério, Capitão? Um gato desaparecido?
-Totalmente, a senhora idosa mora no Edifício 234 Palmeras.
-Edifício Palmeras? Por que isso soa familiar? -Pedi.
-Porque está na Rua 13", disse ele, torcendo os lábios e voltando para longe da porta.

Tirei meus óculos e me deitei na minha cadeira. Os outros colegas ainda estavam cuidando de seus próprios negócios, mas estavam me observando do canto dos olhos para minha reação.

Eu estava investigando o caso Reiling quando as primeiras queixas começaram a chegar à delegacia de polícia. No início todos riram dos relatórios incomuns que os sargentos escreveram: símbolos estranhos desenhados com tinta nas vitrines, lâmpadas públicas que cintilavam quando ninguém estava por perto, sons estridentes que ninguém sabia de onde vinham.

Quando as pessoas começaram a desaparecer, foi a primeira vez que levamos a sério o que estava acontecendo. Todos os estranhos eventos tinham um denominador comum: tudo acontecia na Rua 13, no bairro sudeste.

Quando a imprensa soube dos eventos, eles fizeram uma grande festa na mídia a partir das alegações. Eles até deram ao caso um apelido de "Rua Mistério". Poderia ter sido uma tempestade passageira se o prefeito não tivesse exigido uma solução para o clamor do público. É engraçado como os políticos se tornam eficientes à medida que as eleições se aproximam.

Agora tínhamos detetives de várias áreas investigando cada caso que surgia naquela rua, independentemente de sua relevância ou peculiaridade.

Quando falei com a senhora idosa, fiquei surpreso ao ver que ela tinha cerca de vinte gatos dentro de seu apartamento, embora eu deva dizer que todos eles pareciam muito bem cuidados.

-Desculpe-me por perguntar, mas seu gato já voltou para casa?
-Oh não, o gato desaparecido é meu pequeno Richie", ela respondeu, mostrando-me uma foto.

Richie era um gato laranja muito gordo, ele tinha uma coleira de couro enfeitada com joias de plastico. A velha senhora começou a me contar sobre seu animal de estimação, que ele era muito carinhoso, que gostava de comer salmão fresco... "Quem diabos dá salmão fresco a um gato? -Pensei.

Ao olhar para a foto, minha atenção foi atraída para uma pessoa ao fundo, vestindo uma camiseta com um logotipo.

-Quem é este cara? -Pedi.
-Oh, ele é um vizinho, Marchal, foi ele que me deu Richie, ele sempre veio visitá-lo, mas ele não volta aqui há alguns meses", respondeu a velha senhora.
-Um vizinho neste mesmo prédio?
-Não, ele mora dois quarteirões abaixo da rua.
-Nessa mesma rua?
-Sim.

Por alguma razão, seu rosto ficou preso em minha mente, especialmente o logotipo em sua camiseta. Decidi ficar depois do trabalho para ver os arquivos de casos de empresas e negócios.

Finalmente, encontrei o logotipo, ele pertencia a uma agência de viagens sediada no Brasil. Alguns dos desaparecimentos na Rua 13 estavam relacionados a pessoas que compraram pacotes turísticos para algum lugar no sul do Brasil, um lugar chamado São Leopoldo... Não consigo imaginar por que alguém iria querer viajar para lá.

Entre a lista de funcionários de agências de viagens, havia o nome Marchal Evans, ele era um consultor de soluções de entretenimento estrangeiro, acho que era um nome extravagante para evitar dizer "vendedor". Marchal Evans tinha uma nota ao lado de seu nome na lista, era um código de caso.

Pesquisei o arquivo seguindo o código e encontrei o motivo pelo qual não visitava a Richie há meses: Marchal havia desaparecido. A última vez que ele foi visto foi tomando café em uma padaria... na Rua 13.


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